El verano llegó y estamos disfrutando de días soleados y noches muy agradables que invitan a visitar alguno de los bares y restaurantes con terraza que hay en nuestra ciudad. Nosotros te invitamos a descubrir nuestros cinco favoritos.
Balmori Roofbar
De acuerdo con el crítico gastronómico Marco Beteta se trata de la mejor terraza de la Ciudad de México: reúne tragos memorables con una buena cocina, además de que el interiorismo es muy interesante. Si vas a la hora de la comida, dale una oportunidad a su menú de tres tiempos, es muy económico sin estar peleado con la calidad. Entre los cócteles, la recomendación es el de xoconostle con guayaba y mezcal.
Zacatecas 139, col. Roma Norte.
Abierto de mar. a sab. de 13:30 a 01:30 hrs. Dom. de 13:30 a 18:00 hrs.
Tel. 5264 1757
King Cole Bar
Sin duda el mayor atractivo de este bar –ubicado dentro del Hotel St. Regis– es su terraza: cuenta con una privilegiada vista al Paseo de la Reforma. Durante el día funciona como restaurante, pero no tiene una carta muy extensa. Por la tarde es un lugar ideal para el pre-copeo, mientras que en la noche invita a relajarnos escuchando jazz en vivo. El dress code es formal.
Hotel St. Regis
Paseo de la Reforma 439, col. Cuauhtémoc
Abierto de lun. a dom. de 12:00 a 2:00 hrs.
Tel. 5228 1888
Carolo
De todas las terrazas que seleccionamos, ésta es la ideal para ir en familia: puedes desayunar o comer con los niños y después visitar el Museo Soumaya o el Acuario Inbursa. También la recomendamos para tomar algunos tragos al salir de la oficina o bien para una cena entre amigos. Carolo es famoso por su panadería gourmet que puedes pedir para llevar.
Plaza Carso
Lago Zurich 245, col. Granada
Abierto de lun. a mié. de 08:00 a 23:00hrs., jue. a sáb. de 8:00 a 23:30 y dom. de 8:00 a 22:00 hrs.
Tel. 4976 0134 / 4976 0135
Se trata de otra de las terrazas que tanto Marco Beteta como la revista Time Out México han incluido entre las cinco mejores de la ciudad. Su éxito se debe a la propuesta culinaria a cargo del chef peruano Álvaro Vásquez, quien ha trabajado en Pujol (México) y Central (Perú). Por supuesto la recomendación es probar el ceviche peruano.
Durango 216, col. Roma Norte.
Abierto de lun. a sáb. de 14:00 a 23:00 hrs., dom. de 14:00 a 17:00 hrs.
Tel. 6845 3387
El Cielo de Cortés
La mayoría de quienes visitan este bar, ubicado en la azotea verde del Hotel de Cortés, frente a la Alameda Central, no pueden creer que se encuentran en pleno Centro Histórico, y es que El Cielo de Cortés es un auténtico oasis en medio de la ciudad. La vista es excepcional: los árboles de la Alameda, la Torre Latinoamericana y el Palacio de Bellas Artes; el servicio es impecable y al ser un espacio amplísimo, las mesas están montadas de tal manera que puedas gozar de cierta intimidad. Sin duda uno de los secretos mejor guardados de la zona.
Hotel de Cortés
Av. Hidalgo 85, Col. Guerrero
Abierto de jue. a sáb. de 18:00 a 02:00hrs.
Tel. 5518 2181




Hay casas que se construyen con muebles. Otras, con objetos. Las más memorables suelen ser las que se van formando con el tiempo: piezas encontradas en viajes, libros que se acumulan, cerámicas que se quedan porque sí. No responden a una regla estricta, pero sí a una sensibilidad clara. Son casas que revelan a quien las habita.
Coleccionar en el hogar contemporáneo no implica llenar superficies. Implica elegir con intención. Un librero bien editado, una mesa lateral con tres o cuatro objetos que dialogan entre sí, una repisa donde conviven arte, diseño y memoria personal. El gesto está en la composición.
Los libros de arte siguen siendo el punto de partida. Apilados en una mesa de centro o abiertos sobre un atril, aportan color, escala y conversación. A su lado, una pieza escultórica (cerámica, vidrio o metal) introduce un contrapunto material. Las charolas funcionan como base visual: agrupan, ordenan y dan peso al conjunto.
En vitrinas o consolas, los objetos pequeños adquieren presencia cuando se agrupan por material o tono. El secreto está en dejar espacio entre ellos. El aire también forma parte de la colección.
Las casas más interesantes no buscan perfección inmediata. Se construyen con hallazgos, con piezas que llegan y otras que se van moviendo de lugar. Con el tiempo, el interior se convierte en una narrativa personal: una mezcla de diseño, memoria y curiosidad.
Al final, coleccionar en casa es una forma de habitar con intención. De permitir que los objetos cuenten una historia que sigue creciendo.
La sala es el corazón de la casa. Es donde se recibe, se conversa, se descansa y, muchas veces, donde se define el carácter completo de un hogar. Elegir bien sus piezas clave no es solo una cuestión estética: es una decisión que transforma la forma en que se vive el espacio.
Todo comienza con un punto de anclaje. Un sofá bien elegido marca el ritmo: proporciones correctas, materiales que envejecen bien y un diseño capaz de dialogar con el resto del ambiente. No se trata de llenar, sino de dejar respirar. Menos piezas, mejor pensadas, siempre ganan.
La iluminación es el siguiente gran gesto. Una lámpara de pie o de mesa no solo acompaña la luz natural, también crea atmósferas. La clave está en superponer luces: general, puntual y ambiental. Así, la sala cambia a lo largo del día sin perder coherencia.
Las mesas —de centro o auxiliares— aportan equilibrio y funcionalidad. Formas limpias, alturas bien calculadas y materiales nobles ayudan a que todo fluya sin esfuerzo. Sobre ellas, pocos objetos: libros, una pieza escultórica o un detalle natural bastan para contar una historia.
Finalmente, el arte y los textiles sellan la personalidad del espacio. Una alfombra define zonas; una obra, intención. Aquí no hay reglas estrictas, solo intuición afinada.
La lección es simple: una buena sala no se construye sumando, sino eligiendo. Cuando cada pieza tiene sentido, el espacio se siente completo… incluso antes de terminarlo.
Si algo define a la Ciudad de México es su capacidad para concentrar mucho, buenísimo y todo al mismo tiempo. Este fin de semana no es la excepción: las grandes ferias de arte, exposiciones imperdibles y recorridos museísticos compiten amistosamente con el Super Bowl por nuestra atención. Spoiler: no hay que elegir, solo saber organizarse.
El punto de partida es claro. Zona MACO, la máxima cita del arte contemporáneo en Latinoamérica, reúne a galerías nacionales e internacionales, artistas consolidados y nuevas voces en un mismo recorrido. A unos pasos —conceptualmente hablando— Material Art Fair apuesta por propuestas más experimentales, jóvenes y provocadoras, mientras que Salón ACME se consolida como el espacio donde descubrir talentos emergentes y proyectos curatoriales con personalidad propia.

Salón ACME
Más allá de las ferias, el MUAC es una parada obligada para quienes buscan exposiciones que dialogan con el presente desde una mirada crítica y sofisticada. Ideal para bajar el ritmo y profundizar.

Delcy Morelos en el MUAC
Y como joya especial del fin de semana, el Orquideario del Jardín Botánico de Chapultepec alberga la exposición efímera Guía de campo para el entusiasta del polen de Juni Aranda Rubli, presentada por Hooogar y Proyectos Multipropósito. Arte contemporáneo en un espacio público, natural y gratuito, disponible solo el 7 y 8 de febrero: de esas experiencias que hacen única a la ciudad.

Orquideario del Bosque de Chapultepec
¿La recomendación? Planea rutas, combina ferias con museos, guarda energía… y deja el domingo por la tarde libre. Porque en CDMX, incluso el arte sabe jugar en equipo.
Durante siglos, el billar ha sido un ritual social. Nació en los salones europeos como un pasatiempo refinado, reservado para conversaciones largas, gestos precisos y silencios compartidos. Siempre fue un juego que pedía espacio, tiempo… y una habitación propia. Hasta ahora.
Fusiontables replantea esa historia con una idea tan sencilla como brillante: ¿y si el billar no tuviera que esconderse? ¿Y si pudiera convivir con la vida diaria, con las cenas, las risas y las reuniones que hacen de una casa un hogar?

A primera vista, la mesa Fusion es un comedor de diseño sobrio y contemporáneo. Nada delata su secreto. Pero al levantar su cubierta —con un gesto casi coreografiado gracias al sistema Easy-Lift— aparece un billar profesional, preciso, sólido, perfectamente calibrado. La sorpresa es inmediata. El asombro, inevitable.
Fabricada en Bélgica por Saluc, esta pieza conserva el rigor técnico del billar clásico: bandas K66, dimensiones oficiales, estabilidad absoluta. Pero su verdadera innovación está en cómo transforma el espacio. Ya no se trata de elegir entre comer o jugar, entre diseño o diversión. Aquí, todo sucede alrededor de la misma mesa.

Elegir una Fusiontables es también una decisión estética. Sus distintas combinaciones de materiales permiten que la mesa se adapte al carácter de cada espacio. El aluminio negro con cristal aporta una presencia gráfica y sofisticada; el aluminio con nogal evoca calidez y atemporalidad; mientras que el aluminio blanco, ya sea con nogal o con roble en tono gris, se integra con ligereza a interiores contemporáneos y luminosos. Estos acabados son solo el punto de partida: la colección ofrece aún más opciones para personalizar la pieza y hacerla verdaderamente tuya, en perfecta sintonía con tu estilo de vida.
Las sillas y bancas Fusion acompañan la experiencia con discreción y coherencia, permitiendo que el espacio se adapte al momento: sobremesa larga, partida improvisada, reunión que se alarga sin planes.

Fusiontables, además de ser un mueble multifuncional, es una invitación a convivir más, a quedarse un poco más. A redescubrir el placer de compartir el tiempo y el espacio de otra manera.