Taller Maya es un proyecto creado gracias a la alianza de mujeres rurales mayas emprendedoras y Fundación Haciendas del Mundo Maya, A.C. que, siendo miembro de la WFTO (World Fair Trade organization) desde el año 2007, acredita el cumplimiento de los estándares de comercio justo, garantizando que las artesanas producen las piezas Taller Maya accediendo a condiciones laborales y comerciales equitativas.
La marca Taller Maya nace a partir de la formación de grupos de artesanas mayas que, rescatando técnicas y materiales tradicionales, trabajan al lado de diseñadores, creando productos con diseños contemporáneos de la más alta calidad. Se acompaña a las artesanas para conformar y fortalecer empresas sociales, dando seguimiento a los procesos de producción, administración y estableciendo estándares de calidad y diseño.
Taller Maya promueve la preservación del medio y el uso sostenible de los recursos naturales empleados en la producción y elaboración de los productos. Por este motivo, las fuentes de materia prima, el uso de químicos, desechos, empaques reciclables y biodegradables, son aspectos en los que ponen especial atención y cuidado.
Las técnicas ancestrales del mundo maya, tales como el trabajo de joyería en plata, el tallado, la filigrana, bordado, corchado y telares, encuentran hábiles manos en las comunidades, que crean bellos objetos de materiales naturales como piedra, cuerno, plata, semillas y fibras naturales como el henequén, el pop (petate), el jipi y las palmas. Estas últimas se hilan, trenzan, o entretejen para confeccionar productos textiles de la más alta calidad.
Taller Maya, en Casa Palacio.
El Día del Amor y la Amistad invita a volver a los gestos simples. Preparar algo en casa —mezclar, hornear, esperar el aroma que llena la cocina— tiene un valor especial: es una forma tangible de dedicar tiempo y cuidado. Estas magdalenas, suaves y ligeramente doradas, son perfectas para compartir en un desayuno tardío, una merienda tranquila o como un detalle preparado con intención.
2 huevos
120 g de azúcar
120 ml de leche
100 ml de aceite vegetal suave
200 g de harina de trigo
1 ½ cucharaditas de polvo para hornear
1 pizca de sal
1 cucharadita de extracto de vainilla
Ralladura fina de 1 limón o naranja (opcional)
Azúcar extra para espolvorear
Precalienta el horno a 180 °C y coloca capacillos en un molde para magdalenas.
Bate los huevos con el azúcar hasta obtener una mezcla clara y ligeramente espumosa.
Incorpora la leche, el aceite y la vainilla. Mezcla hasta integrar.
Añade la harina, el polvo para hornear y la sal previamente tamizados. Integra con movimientos suaves hasta obtener una masa lisa.
Perfuma con la ralladura de cítrico si decides usarla.
Vierte la mezcla en los moldes llenando ¾ de su capacidad y espolvorea un poco de azúcar sobre la superficie.
Hornea de 18 a 22 minutos, o hasta que las magdalenas estén doradas y al insertar un palillo salga limpio.
Deja enfriar sobre una rejilla antes de servir.
Para acompañar, recomendamos servirlas con mermelada Bonne Maman en sus distintos sabores: frutos rojos, fresa, chabacano o higo, que aportan un contraste delicado y un toque extra de dulzura a cada bocado.

En estas fotos y en la preparación intervienen piezas pensadas para disfrutar la cocina y la mesa con calma. Descubrir los utensilios, textiles y objetos que acompañan este momento es también parte de la experiencia: una selección disponible en tienda y en línea para quienes disfrutan cocinar.

Mantequillera Cerise de Le Creuset

Sacacorchos Anna G. de Alessi
Hay casas que se construyen con muebles. Otras, con objetos. Las más memorables suelen ser las que se van formando con el tiempo: piezas encontradas en viajes, libros que se acumulan, cerámicas que se quedan porque sí. No responden a una regla estricta, pero sí a una sensibilidad clara. Son casas que revelan a quien las habita.
Coleccionar en el hogar contemporáneo no implica llenar superficies. Implica elegir con intención. Un librero bien editado, una mesa lateral con tres o cuatro objetos que dialogan entre sí, una repisa donde conviven arte, diseño y memoria personal. El gesto está en la composición.
Los libros de arte siguen siendo el punto de partida. Apilados en una mesa de centro o abiertos sobre un atril, aportan color, escala y conversación. A su lado, una pieza escultórica (cerámica, vidrio o metal) introduce un contrapunto material. Las charolas funcionan como base visual: agrupan, ordenan y dan peso al conjunto.
En vitrinas o consolas, los objetos pequeños adquieren presencia cuando se agrupan por material o tono. El secreto está en dejar espacio entre ellos. El aire también forma parte de la colección.
Las casas más interesantes no buscan perfección inmediata. Se construyen con hallazgos, con piezas que llegan y otras que se van moviendo de lugar. Con el tiempo, el interior se convierte en una narrativa personal: una mezcla de diseño, memoria y curiosidad.
Al final, coleccionar en casa es una forma de habitar con intención. De permitir que los objetos cuenten una historia que sigue creciendo.
El verdadero lujo sabe escuchar a la naturaleza. En esa conversación silenciosa entre diseño, materia y bienestar se sitúa la nueva colección Primavera/Verano de Frette, una propuesta que traduce paisajes, texturas y sensaciones en ropa de cama sofisticada y contemporánea.
Fundada en Italia en el siglo XIX, Frette ha construido su prestigio a partir de una idea clara: crear textiles que transformen el descanso en una experiencia estética y sensorial. Más de 165 años después, la firma sigue trabajando con fibras excepcionales, procesos meticulosos y una sensibilidad que combina tradición artesanal con una mirada refinada al presente.

Francine
La nueva colección encuentra su inspiración en el mundo natural. Tonos minerales, matices arena, blancos suaves y grises orgánicos evocan piedra, madera, agua y luz. Las texturas dialogan entre sí con discreción y equilibrio, creando atmósferas serenas que invitan a bajar el ritmo y reconectar con lo esencial.

Francine
Dentro de esta propuesta destacan líneas emblemáticas de la marca como Cruise, con su elegancia relajada; Icons, que reinterpreta los clásicos de Frette; Flying, ligera y fresca; y Francine, delicada y atemporal. Cada una ofrece una forma distinta de entender la cama como un espacio personal, íntimo y profundamente confortable.

Icons
Más allá de tendencias, Frette diseña para perdurar. Sus colecciones no buscan llamar la atención, sino acompañar la vida cotidiana con belleza silenciosa y calidad tangible.

Cruise
Descubre la nueva colección de Frette inspirada en la naturaleza y explora cómo el diseño italiano puede transformar tu forma de descansar en Casa Palacio.
La sala es el corazón de la casa. Es donde se recibe, se conversa, se descansa y, muchas veces, donde se define el carácter completo de un hogar. Elegir bien sus piezas clave no es solo una cuestión estética: es una decisión que transforma la forma en que se vive el espacio.
Todo comienza con un punto de anclaje. Un sofá bien elegido marca el ritmo: proporciones correctas, materiales que envejecen bien y un diseño capaz de dialogar con el resto del ambiente. No se trata de llenar, sino de dejar respirar. Menos piezas, mejor pensadas, siempre ganan.
La iluminación es el siguiente gran gesto. Una lámpara de pie o de mesa no solo acompaña la luz natural, también crea atmósferas. La clave está en superponer luces: general, puntual y ambiental. Así, la sala cambia a lo largo del día sin perder coherencia.
Las mesas —de centro o auxiliares— aportan equilibrio y funcionalidad. Formas limpias, alturas bien calculadas y materiales nobles ayudan a que todo fluya sin esfuerzo. Sobre ellas, pocos objetos: libros, una pieza escultórica o un detalle natural bastan para contar una historia.
Finalmente, el arte y los textiles sellan la personalidad del espacio. Una alfombra define zonas; una obra, intención. Aquí no hay reglas estrictas, solo intuición afinada.
La lección es simple: una buena sala no se construye sumando, sino eligiendo. Cuando cada pieza tiene sentido, el espacio se siente completo… incluso antes de terminarlo.