En Grecia, una ouzería es un bar de tapas –conocidas como mezethes– que se acompañan con vino, cerveza y por supuesto ouzo, el licor típico griego. Este concepto fue traído a México por el chef Stefan Petridis, creador también del mejor restaurante griego de nuestra ciudad: Mythos.
El ambiente de La Ouzería es totalmente informal, la idea es que sientas que estas en un bar tradicional de tu isla griega favorita, lo que se logra gracias a su decoración de muros blancos y mobiliario de madera vieja. El menú, por supuesto es mediterráneo: pescado, mariscos, cordero y por supuesto aceite de oliva. Aunque hay platos fuertes, como el muy recomendable pulpo a las brasas, siendo nuestra sugerencia tapear, así pides pequeñas porciones de muchos platos, como sus albóndigas de cordero, las favoritas de los asiduos al restaurante.
También muy recomendables son sus gyros, otra especialidad griega. Si llevas prisa o estás por la zona y quieres comer algo diferente, puedes pedir tu gyro para llevar. Hay de arrachera, pollo y cerdo, pero nuestra recomendación es el cordero.
Para beber, el vino de la casa es muy recomendable, pero quizás quieras darle una oportunidad al ouzo… solo recuerda que puede tener hasta 50º de alcohol.
Para el postre: los loukoumades, una pasta frita que se baña con miel de tomillo, canela y nuez. ¡No te lo pierdas!
La Ouzeria
Alejandro Dumas 92, Col.Polanco
5262-1323
Lunes a Miércoles de 1:00 pm a 12:00 am
Jueves a Sábado de 1:00 pm a 2:00 am
Domingo de 1:00 pm a 10:






Hay objetos capaces de transportarnos a otros lugares. Piezas que evocan paisajes, tradiciones y oficios que han atravesado generaciones. Con Ecos de Oriente, Casa Palacio presenta un bazar que reúne una selección de objetos provenientes de distintas regiones del Oriente, donde el diseño, la artesanía y la historia se encuentran.

Del 12 de marzo al 3 de junio, Casa Palacio Antara se transforma en un pequeño recorrido por los bazares y talleres de diferentes localidades de Oriente. Un espacio donde es posible descubrir piezas que combinan materiales nobles con técnicas tradicionales que han definido la identidad estética de estas regiones.


Entre los objetos destacan jarrones y muebles elaborados en madera de sheesham, una variedad originaria de la India reconocida por su resistencia y por la riqueza de sus vetas. A estas se suman consolas, vitrinas y baúles que incorporan elaborados trabajos de marquetería con incrustaciones de hueso de camello, una técnica artesanal conocida como bone inlay, donde cada fragmento es colocado a mano para crear complejos patrones geométricos y florales.

Bateas de distintos tamaños, espejos, cestos tejidos y piezas con pátinas singulares completan esta selección donde tradición y diseño conviven con naturalidad.

Ecos de Oriente es una invitación a descubrir objetos que aportan carácter y una nota inesperada a cualquier espacio: acentos decorativos capaces de transformar un interior con la atmósfera de un rincón lejano del mundo. Descubre esta curaduría en Casa Palacio Antara y explora piezas que capturan el espíritu y la riqueza visual de los bazares de Oriente.
Construida en 1968 como caballerizas privadas en las afueras de la Ciudad de México, La Cuadra de San Cristóbal es una de las obras más significativas de Luis Barragán. El conjunto condensa los elementos centrales de su arquitectura: planos de color de escala rotunda, secuencias espaciales contenidas y un uso preciso de la luz natural que transforma la percepción a lo largo del día. Único mexicano distinguido con el Premio Pritzker, Barragán desarrolló un lenguaje que integró modernidad y tradición desde una comprensión silenciosa del espacio como experiencia íntima y física.

Vistas de instalación de obras de Félix González-Torres en La Cuadra de Luis Barragán, 2026. Cortesía de Felix Gonzalez-Torres Foundation y La Cuadra, con el apoyo de Fundación Romero. Foto: Gerardo Landa & Eduardo López – GLR Estudio.
Impulsado por la Fundación Romero —institución fundada por el arquitecto Fernando Romero para promover iniciativas en arte, arquitectura e investigación—, La Cuadra funciona hoy como una plataforma curatorial que pone en relación el legado barraganiano con prácticas contemporáneas, activando nuevas lecturas sin alterar la esencia del lugar.

Vistas de instalación de obras de Félix González-Torres en La Cuadra de Luis Barragán, 2026. Cortesía de Felix Gonzalez-Torres Foundation y La Cuadra, con el apoyo de Fundación Romero. Foto: Gerardo Landa & Eduardo López – GLR Estudio.
En este marco se presenta la exposición dedicada a Félix González-Torres, figura central del arte de los años noventa. Su obra cuestionó el esencialismo del minimalismo y expandió sus posibilidades afectivas y políticas. A través de materiales cotidianos —pilas de papel, cadenas de luz, estructuras replicables— articuló reflexiones sobre memoria, amor, pérdida y responsabilidad colectiva, desplazando el significado hacia la participación del espectador.

Vistas de instalación de obras de Félix González-Torres en La Cuadra de Luis Barragán, 2026. Cortesía de Felix Gonzalez-Torres Foundation y La Cuadra, con el apoyo de Fundación Romero. Foto: Gerardo Landa & Eduardo López – GLR Estudio.

Vistas de instalación de obras de Félix González-Torres en La Cuadra de Luis Barragán, 2026. Cortesía de Felix Gonzalez-Torres Foundation y La Cuadra, con el apoyo de Fundación Romero. Foto: Gerardo Landa & Eduardo López – GLR Estudio.
La inserción de sus piezas en los espacios de Barragán no busca contraste, sino afinidad estructural. Ambos comparten una economía formal rigurosa y una atención sostenida a la experiencia sensible.

Vistas de instalación de obras de Félix González-Torres en La Cuadra de Luis Barragán, 2026. Cortesía de Felix Gonzalez-Torres Foundation y La Cuadra, con el apoyo de Fundación Romero. Foto: Gerardo Landa & Eduardo López – GLR Estudio.
La exposición plantea un diálogo preciso entre arquitectura y arte contemporáneo, donde el sitio no actúa como telón de fondo, sino como una condición activa que modula la lectura y el tiempo de cada obra.
Para Montserrat Barros, la hospitalidad no es únicamente una profesión: es una forma de entender la vida. Fundadora de Hospitality & Butler, firma especializada en entrenamiento de servicio de lujo, ha dedicado su carrera a perfeccionar y enseñar el arte de hacer sentir especial a los demás, ya sea en hoteles, residencias privadas, restaurantes o espacios de hospitalidad alrededor del mundo.
Mexicana de nacimiento, su fascinación por el buen servicio la llevó a formarse en algunas de las escuelas más reconocidas de Europa, con la intención de traer a México metodologías que profesionalizaran algo que, según ella misma señala, el país posee de forma natural.

-México es un país profundamente hospitalario. Somos serviciales por naturaleza. Mi búsqueda fue entender cómo elevar ese talento con técnica, estructura y sensibilidad.
Hoy su empresa representa en México al British Butler Institute, uno de los institutos de mayordomía y hospitalidad más prestigiosos del mundo. Pero más allá de los protocolos y la formación profesional, el trabajo de Montserrat se sostiene sobre una idea sencilla: la hospitalidad comienza en la vida cotidiana.
Para ella, recibir implica cuidar los detalles que convierten lo ordinario en una experiencia significativa. Desde el montaje de una mesa hasta la música que acompaña una conversación, todo forma parte de una atmósfera pensada para despertar los sentidos.
-Siempre pienso en los cinco sentidos. La música, la luz, los aromas, la presentación de la mesa, incluso la textura de los objetos. Cuando todo dialoga, la experiencia se vuelve memorable.
Ese cuidado se refleja también en su rutina diaria. Montserrat suele comenzar el día muy temprano con un pequeño ritual personal: preparar su matcha ceremonial en una charola donde cada elemento tiene un lugar específico. En ese universo de detalles, Casa Palacio tiene un lugar muy especial. Para ella, recorrer sus espacios es parte de su propio proceso creativo como anfitriona.

“Ir a Casa Palacio me inspira muchísimo. Encuentro objetos que me ayudan a renovar una mesa, transformar un ambiente o sorprender a mis invitados. Es un lugar donde siempre descubro algo nuevo.”
Entre sus elecciones favoritas aparecen firmas como Richard Ginori, Bernardaud, Villeroy & Boch y Baccarat, así como piezas de Christofle y Hermès para vestir la mesa con carácter. En textiles y blancos recurre con frecuencia a marcas como Frette e Ilò, mientras que para aportar acentos más orgánicos a sus espacios disfruta incorporar piezas de Namuh. A esto suma cristalería, bowls decorativos, aromas para el hogar y objetos que le permiten jugar con texturas y atmósferas.
Porque para Montserrat Barros la hospitalidad no se limita a un momento específico: es un lenguaje cotidiano hecho de gestos, luz, música y objetos elegidos con intención. Un arte que, cuando está bien ejecutado, transforma cualquier encuentro, por sencillo que sea, en una experiencia memorable.
El arte mexicano pierde a uno de sus creadores más singulares. Pedro Friedeberg falleció a los 90 años, dejando un universo visual tan irreverente como inolvidable. Nacido en Florencia en 1936 y criado en México desde niño, Friedeberg construyó una obra donde el humor, el exceso y la imaginación convivían sin pedir permiso.

Fundación Pedro Friedeberg
Si hay una pieza que resume su espíritu es la famosa Silla Mano: una mano tallada que invita a sentarse en la palma mientras los dedos se convierten en respaldo. Más que un objeto, es una declaración de principios. Divertida, teatral y ligeramente absurda, se volvió un ícono del diseño del siglo XX y un símbolo del lado más pop del surrealismo mexicano.

Fundación Pedro Friedeberg

Fundación Pedro Friedeberg
Su obra se expandió en grabados minuciosos, arquitecturas imposibles y patrones que se repiten hasta el vértigo. Columnas que se transforman en criaturas, laberintos decorativos y composiciones que parecen diseñadas por una mente obsesionada con el detalle. En ese juego entre lo barroco, lo fantástico y lo irónico encontró un lenguaje propio que nunca dejó de sorprender.

Fundación Pedro Friedeberg

Fundación Pedro Friedeberg

Fundación Pedro Friedeberg
Incluso en años recientes siguió dejando huella en la ciudad. Uno de sus últimos legados es el diseño que realizó para las bóvedas del Museo de Historia Natural de la Ciudad de México durante su remodelación, un gesto que hoy puede apreciarse en toda su dimensión incluso desde el cablebús, donde sus formas y patrones dialogan con el paisaje urbano.

Irónico, exuberante y profundamente libre, Friedeberg convirtió el diseño en un territorio para el juego y la imaginación. En Casa Palacio seguiremos recordándolo como ese gran creador que demostró que el arte también puede ser ingenio, fantasía y, sobre todo, diversión.