Hace unos días, en nuestra tienda de Santa Fe, el arquitecto argentino del despacho que lleva su nombre nos sorprendió con un montaje de mesa para celebrar las fiestas decembrinas. La propuesta de Luciano busca reflejar: “Una cena con cierta formalidad y sofisticación”. Y vaya que logró una mesa sofisticada, pero sobre todo muy elegante: olvidándose de lugares comunes, el arquitecto optó por los tonos lilas contrastados con dorados y el verde que aporta el follaje. La intención fue lograr un montaje muy clásico, pero con detalles contemporáneos. Gerbilsky nos contó que pensó en amigos y familiares cercanos al realizar este montaje.
Para elegir las piezas, Luciano siguió un criterio: emplear marcas que reflejaran elegancia, refinamiento y sobre todo buen diseño. Así, se decidió por las espectaculares copas con detalles en oro de 24k de la casa italiana Vetrerie di Empoli; también con filos de oro es la vajilla Crestwood de Noritake, mientras que la cubertería dorada es de EME Posaterie. Los textiles son de Le Jacquard Francais. Los inesperados arreglos florales son por supuesto de Martha Sophia.
La mesa se complementa con mobiliario de Fendi, como las sillas Audrey y la mesa de comedor Veneered, el obligado carro-bar de Ralph Lauren Home y un tapete de Eichholtz.
Le pedimos a Luciano que nos diera su mejor consejo para montar una mesa y nos sugirió usar candelabros, así que no dejes de incluirlos en tus propios montajes. Por lo pronto, te presentamos su montaje en Casa Palacio Santa Fe.






Hay casas que se construyen con muebles. Otras, con objetos. Las más memorables suelen ser las que se van formando con el tiempo: piezas encontradas en viajes, libros que se acumulan, cerámicas que se quedan porque sí. No responden a una regla estricta, pero sí a una sensibilidad clara. Son casas que revelan a quien las habita.
Coleccionar en el hogar contemporáneo no implica llenar superficies. Implica elegir con intención. Un librero bien editado, una mesa lateral con tres o cuatro objetos que dialogan entre sí, una repisa donde conviven arte, diseño y memoria personal. El gesto está en la composición.
Los libros de arte siguen siendo el punto de partida. Apilados en una mesa de centro o abiertos sobre un atril, aportan color, escala y conversación. A su lado, una pieza escultórica (cerámica, vidrio o metal) introduce un contrapunto material. Las charolas funcionan como base visual: agrupan, ordenan y dan peso al conjunto.
En vitrinas o consolas, los objetos pequeños adquieren presencia cuando se agrupan por material o tono. El secreto está en dejar espacio entre ellos. El aire también forma parte de la colección.
Las casas más interesantes no buscan perfección inmediata. Se construyen con hallazgos, con piezas que llegan y otras que se van moviendo de lugar. Con el tiempo, el interior se convierte en una narrativa personal: una mezcla de diseño, memoria y curiosidad.
Al final, coleccionar en casa es una forma de habitar con intención. De permitir que los objetos cuenten una historia que sigue creciendo.
El verdadero lujo sabe escuchar a la naturaleza. En esa conversación silenciosa entre diseño, materia y bienestar se sitúa la nueva colección Primavera/Verano de Frette, una propuesta que traduce paisajes, texturas y sensaciones en ropa de cama sofisticada y contemporánea.
Fundada en Italia en el siglo XIX, Frette ha construido su prestigio a partir de una idea clara: crear textiles que transformen el descanso en una experiencia estética y sensorial. Más de 165 años después, la firma sigue trabajando con fibras excepcionales, procesos meticulosos y una sensibilidad que combina tradición artesanal con una mirada refinada al presente.

Francine
La nueva colección encuentra su inspiración en el mundo natural. Tonos minerales, matices arena, blancos suaves y grises orgánicos evocan piedra, madera, agua y luz. Las texturas dialogan entre sí con discreción y equilibrio, creando atmósferas serenas que invitan a bajar el ritmo y reconectar con lo esencial.

Francine
Dentro de esta propuesta destacan líneas emblemáticas de la marca como Cruise, con su elegancia relajada; Icons, que reinterpreta los clásicos de Frette; Flying, ligera y fresca; y Francine, delicada y atemporal. Cada una ofrece una forma distinta de entender la cama como un espacio personal, íntimo y profundamente confortable.

Icons
Más allá de tendencias, Frette diseña para perdurar. Sus colecciones no buscan llamar la atención, sino acompañar la vida cotidiana con belleza silenciosa y calidad tangible.

Cruise
Descubre la nueva colección de Frette inspirada en la naturaleza y explora cómo el diseño italiano puede transformar tu forma de descansar en Casa Palacio.
La sala es el corazón de la casa. Es donde se recibe, se conversa, se descansa y, muchas veces, donde se define el carácter completo de un hogar. Elegir bien sus piezas clave no es solo una cuestión estética: es una decisión que transforma la forma en que se vive el espacio.
Todo comienza con un punto de anclaje. Un sofá bien elegido marca el ritmo: proporciones correctas, materiales que envejecen bien y un diseño capaz de dialogar con el resto del ambiente. No se trata de llenar, sino de dejar respirar. Menos piezas, mejor pensadas, siempre ganan.
La iluminación es el siguiente gran gesto. Una lámpara de pie o de mesa no solo acompaña la luz natural, también crea atmósferas. La clave está en superponer luces: general, puntual y ambiental. Así, la sala cambia a lo largo del día sin perder coherencia.
Las mesas —de centro o auxiliares— aportan equilibrio y funcionalidad. Formas limpias, alturas bien calculadas y materiales nobles ayudan a que todo fluya sin esfuerzo. Sobre ellas, pocos objetos: libros, una pieza escultórica o un detalle natural bastan para contar una historia.
Finalmente, el arte y los textiles sellan la personalidad del espacio. Una alfombra define zonas; una obra, intención. Aquí no hay reglas estrictas, solo intuición afinada.
La lección es simple: una buena sala no se construye sumando, sino eligiendo. Cuando cada pieza tiene sentido, el espacio se siente completo… incluso antes de terminarlo.
Durante siglos, el billar ha sido un ritual social. Nació en los salones europeos como un pasatiempo refinado, reservado para conversaciones largas, gestos precisos y silencios compartidos. Siempre fue un juego que pedía espacio, tiempo… y una habitación propia. Hasta ahora.
Fusiontables replantea esa historia con una idea tan sencilla como brillante: ¿y si el billar no tuviera que esconderse? ¿Y si pudiera convivir con la vida diaria, con las cenas, las risas y las reuniones que hacen de una casa un hogar?

A primera vista, la mesa Fusion es un comedor de diseño sobrio y contemporáneo. Nada delata su secreto. Pero al levantar su cubierta —con un gesto casi coreografiado gracias al sistema Easy-Lift— aparece un billar profesional, preciso, sólido, perfectamente calibrado. La sorpresa es inmediata. El asombro, inevitable.
Fabricada en Bélgica por Saluc, esta pieza conserva el rigor técnico del billar clásico: bandas K66, dimensiones oficiales, estabilidad absoluta. Pero su verdadera innovación está en cómo transforma el espacio. Ya no se trata de elegir entre comer o jugar, entre diseño o diversión. Aquí, todo sucede alrededor de la misma mesa.

Elegir una Fusiontables es también una decisión estética. Sus distintas combinaciones de materiales permiten que la mesa se adapte al carácter de cada espacio. El aluminio negro con cristal aporta una presencia gráfica y sofisticada; el aluminio con nogal evoca calidez y atemporalidad; mientras que el aluminio blanco, ya sea con nogal o con roble en tono gris, se integra con ligereza a interiores contemporáneos y luminosos. Estos acabados son solo el punto de partida: la colección ofrece aún más opciones para personalizar la pieza y hacerla verdaderamente tuya, en perfecta sintonía con tu estilo de vida.
Las sillas y bancas Fusion acompañan la experiencia con discreción y coherencia, permitiendo que el espacio se adapte al momento: sobremesa larga, partida improvisada, reunión que se alarga sin planes.

Fusiontables, además de ser un mueble multifuncional, es una invitación a convivir más, a quedarse un poco más. A redescubrir el placer de compartir el tiempo y el espacio de otra manera.