Si hay un nombre capaz de unir crítica social, elegancia visual y un sentido del humor absolutamente mexicano, es el de Abel Quezada. Considerado uno de los artistas más singulares del siglo XX, Quezada —nacido en Monterrey en 1920— transformó el dibujo, la caricatura política y la ilustración en auténtica crónica cultural. Su trazo limpio y su mirada aguda lo hicieron imprescindible en periódicos como Excélsior, Ovaciones y Novedades, además de llevarlo a colaborar con The New Yorker en los años ochenta.

Autodidacta y siempre curioso, Quezada encontró en las grandes ciudades —sobre todo Nueva York— una fuente inagotable de inspiración: calles caóticas, arquitectura vibrante, personajes diminutos y escenas cotidianas convertidas en poesía visual. Aunque su reputación se consolidó desde el periodismo, su obra pictórica revela una faceta íntima y sorprendente: colores atmosféricos, composiciones sensibles y un ojo atento a lo que define la vida urbana.

Su legado es esencial para comprender la evolución del dibujo y la caricatura en México, desde el humor político hasta la representación moderna de lo cotidiano. Sus personajes —“el tapado”, “la dama de las Lomas”, “Solovino”— forman parte de la memoria colectiva.

Por eso resulta tan relevante la exposición Memorias visuales de Abel Quezada end a galería Proyectos Monclova, una oportunidad excepcional para reencontrarse con su obra desde una perspectiva fresca y contemporánea.

Todas la imágenes: Proyectos Monclova
La muestra estará abierta hasta el 20 de diciembre; quedan pocos días para visitarla. Si te interesa el arte mexicano, el dibujo, la sátira o simplemente disfrutar del genio de un observador único, esta exposición es imprescindible.
El arte mexicano pierde a uno de sus creadores más singulares. Pedro Friedeberg falleció a los 90 años, dejando un universo visual tan irreverente como inolvidable. Nacido en Florencia en 1936 y criado en México desde niño, Friedeberg construyó una obra donde el humor, el exceso y la imaginación convivían sin pedir permiso.

Fundación Pedro Friedeberg
Si hay una pieza que resume su espíritu es la famosa Silla Mano: una mano tallada que invita a sentarse en la palma mientras los dedos se convierten en respaldo. Más que un objeto, es una declaración de principios. Divertida, teatral y ligeramente absurda, se volvió un ícono del diseño del siglo XX y un símbolo del lado más pop del surrealismo mexicano.

Fundación Pedro Friedeberg

Fundación Pedro Friedeberg
Su obra se expandió en grabados minuciosos, arquitecturas imposibles y patrones que se repiten hasta el vértigo. Columnas que se transforman en criaturas, laberintos decorativos y composiciones que parecen diseñadas por una mente obsesionada con el detalle. En ese juego entre lo barroco, lo fantástico y lo irónico encontró un lenguaje propio que nunca dejó de sorprender.

Fundación Pedro Friedeberg

Fundación Pedro Friedeberg

Fundación Pedro Friedeberg
Incluso en años recientes siguió dejando huella en la ciudad. Uno de sus últimos legados es el diseño que realizó para las bóvedas del Museo de Historia Natural de la Ciudad de México durante su remodelación, un gesto que hoy puede apreciarse en toda su dimensión incluso desde el cablebús, donde sus formas y patrones dialogan con el paisaje urbano.

Irónico, exuberante y profundamente libre, Friedeberg convirtió el diseño en un territorio para el juego y la imaginación. En Casa Palacio seguiremos recordándolo como ese gran creador que demostró que el arte también puede ser ingenio, fantasía y, sobre todo, diversión.
El Museo Kaluz presenta El jardín de Velasco, una exposición imprescindible para redescubrir a José María Velasco más allá de sus célebres paisajes del Valle de México. La muestra revela su dimensión científica y botánica, y confirma que su mirada fue tan rigurosa como poética.

A partir del Acervo José María Velasco —más de 2,500 piezas inéditas entre pinturas, cuadernos, cartas y objetos personales— la exposición propone un recorrido por el artista naturalista, el estudioso de la flora y el observador del tiempo geológico. Destacan las láminas de Flora del valle de México (1869), donde Velasco no solo dibujó plantas: las recolectó, clasificó y describió con precisión científica. Su interés por la botánica lo vinculó con la Sociedad Mexicana de Historia Natural y con proyectos que buscaban construir una flora nacional.

La exhibición también explora su relación con la geología, la arqueología y la medicina, así como su fascinación por los helechos y los paisajes del “tiempo profundo”. Esta lectura amplía la comprensión de un creador que entendía el paisaje como un sistema vivo.

En Casa Palacio, las propuestas que cruzan arte, naturaleza y diseño siempre despiertan interés, y esta exposición es un gran ejemplo.
El jardín de Velasco
Del 26 de octubre de 2025 al 25 de mayo de 2026
Museo Kaluz
Av. Hidalgo 85, Centro Histórico, CDMX
Miércoles a lunes, 10:00 a 18:00 h (martes cerrado)
La galería Galería OMR presenta Ethiops, una exposición que revisita uno de los periodos más fértiles en la trayectoria de Leonora Carrington. La muestra reúne obras realizadas a finales de los años cincuenta y durante la década de los sesenta, en diálogo con la pintura homónima de 1964. Este momento marca una etapa de plena madurez creativa en la que la artista consolidó un lenguaje propio y experimental entre pintura, dibujo, objeto y escenografía.

Instalada en México desde los años cuarenta, Carrington desarrolló aquí un universo visual que combina mitologías personales, símbolos alquímicos y narrativas oníricas. Ethiops permite recorrer ese vocabulario: figuras híbridas, arquitecturas imaginarias y escenas que expanden el espacio pictórico hacia lo escénico. La selección confirma la vigencia de una obra que continúa influyendo en el arte contemporáneo.


En paralelo, la galería presenta I Am The Sun, I Am The New Year, del artista canadiense Marcel Dzama. Inspirada en el espíritu de Dadá y en referentes como Duchamp y García Lorca, la exposición propone un territorio lúdico y crítico donde conviven danza, fantasmas históricos y paisajes simbólicos.


Exposiciones de esta naturaleza forman parte de las propuestas que Casa Palacio sigue con especial interés dentro de su afinidad con el arte, el diseño y la cultura visual contemporánea.

Galería OMR
Córdoba 100, Roma Norte, Ciudad de México.
Si algo define a la Ciudad de México es su capacidad para concentrar mucho, buenísimo y todo al mismo tiempo. Este fin de semana no es la excepción: las grandes ferias de arte, exposiciones imperdibles y recorridos museísticos compiten amistosamente con el Super Bowl por nuestra atención. Spoiler: no hay que elegir, solo saber organizarse.
El punto de partida es claro. Zona MACO, la máxima cita del arte contemporáneo en Latinoamérica, reúne a galerías nacionales e internacionales, artistas consolidados y nuevas voces en un mismo recorrido. A unos pasos —conceptualmente hablando— Material Art Fair apuesta por propuestas más experimentales, jóvenes y provocadoras, mientras que Salón ACME se consolida como el espacio donde descubrir talentos emergentes y proyectos curatoriales con personalidad propia.

Salón ACME
Más allá de las ferias, el MUAC es una parada obligada para quienes buscan exposiciones que dialogan con el presente desde una mirada crítica y sofisticada. Ideal para bajar el ritmo y profundizar.

Delcy Morelos en el MUAC
Y como joya especial del fin de semana, el Orquideario del Jardín Botánico de Chapultepec alberga la exposición efímera Guía de campo para el entusiasta del polen de Juni Aranda Rubli, presentada por Hooogar y Proyectos Multipropósito. Arte contemporáneo en un espacio público, natural y gratuito, disponible solo el 7 y 8 de febrero: de esas experiencias que hacen única a la ciudad.

Orquideario del Bosque de Chapultepec
¿La recomendación? Planea rutas, combina ferias con museos, guarda energía… y deja el domingo por la tarde libre. Porque en CDMX, incluso el arte sabe jugar en equipo.