En cuanto a telas, todo parece indicar que este será un año muy interesante: nuevas tendencias surgirán, pero también veremos el regreso de estilos que habían caído en el olvido, pero que renovados, ¡vuelven a imponerse! Sin duda, el mejor muestrario textil lo encontramos en la Maison & Objet de París, la que por cierto se celebró hace unas semanas.
Quienes asistieron a la feria descubrieron que entre las tendencias del 2018 están:
Telas con volúmenes: los diseñadores textiles proponen usar telas que incorporen elementos inesperados, como borlas inmensas o texturas notorias a la vista, que le da volumen a la pieza.
El folk está de regreso: Lana cruda, lino, manta o mezcla de fibras; patrones étnicos; diseños que nos remiten al misticismo… este año las telas capturan todo el espíritu de los años 60.
Patchwork: De la mano con la tendencia anterior regresa las tradicionales piezas elaboradas uniendo retazos de tela. Se trata de un estilo que siempre agrega calidez a los espacios.
Efecto 3D: Las nuevas impresoras 3D están impactando muchos de los aspectos de la vida, así que a manera de homenaje, los diseñadores textiles proponen estampados con efectos tridimensionales.
Terciopelo: ¡Se trata de un regreso inesperado! Lo interesante es que ahora, el terciopelo se ha renovado y lo encontramos en colores antes impensables: naranjas, amarillos, rosas…
Tejidos: Como si una tejedora hubiera creado enormes mantas de estambre grueso, así es esta propuesta. Se trata de telas muy ligeras y versátiles.




El 14 de febrero es la ocasión perfecta para regalar algo más que un detalle: es el momento de elegir un objeto que acompañe la vida cotidiana, que hable de afecto, de intención y de buen diseño. En Casa Palacio, creemos que los mejores regalos son aquellos que se integran al día a día y se convierten en pequeños recordatorios de quien los eligió.
Una vela aromática con notas envolventes puede transformar un espacio y crear rituales íntimos; una pieza de joyería de diseño se convierte en un gesto personal que se lleva cerca del cuerpo. Los libros —de arte, cocina o arquitectura— inspiran, acompañan y permanecen con nosotros. Las figuras decorativas y los objetos escultóricos aportan carácter y conversación, mientras que un artefacto especial de cocina puede elevar los momentos compartidos alrededor de la mesa.
Regalar diseño es regalar sensibilidad: materiales bien trabajados, formas pensadas y objetos que envejecen con gracia. También es una invitación a rodearse de piezas que hacen la vida más bella, funcional y significativa.

Alessi
Para este San Valentín, nuestros interioristas de Casa Palacio han preparado una selección curada de regalos ideales para sorprender: objetos únicos, atemporales y llenos de intención, pensados para distintos estilos, personalidades. Descubre ideas que van más allá de lo esperado y elige un regalo que se sienta hoy, mañana y todos los días.
Vela aromatica Abd El Kader de Trudon

Charm en plata Corazón mi amor de Tane
Juego de coctel y coctelera de diseño de Alessi
Hay casas que se construyen con muebles. Otras, con objetos. Las más memorables suelen ser las que se van formando con el tiempo: piezas encontradas en viajes, libros que se acumulan, cerámicas que se quedan porque sí. No responden a una regla estricta, pero sí a una sensibilidad clara. Son casas que revelan a quien las habita.
Coleccionar en el hogar contemporáneo no implica llenar superficies. Implica elegir con intención. Un librero bien editado, una mesa lateral con tres o cuatro objetos que dialogan entre sí, una repisa donde conviven arte, diseño y memoria personal. El gesto está en la composición.
Los libros de arte siguen siendo el punto de partida. Apilados en una mesa de centro o abiertos sobre un atril, aportan color, escala y conversación. A su lado, una pieza escultórica (cerámica, vidrio o metal) introduce un contrapunto material. Las charolas funcionan como base visual: agrupan, ordenan y dan peso al conjunto.
En vitrinas o consolas, los objetos pequeños adquieren presencia cuando se agrupan por material o tono. El secreto está en dejar espacio entre ellos. El aire también forma parte de la colección.
Las casas más interesantes no buscan perfección inmediata. Se construyen con hallazgos, con piezas que llegan y otras que se van moviendo de lugar. Con el tiempo, el interior se convierte en una narrativa personal: una mezcla de diseño, memoria y curiosidad.
Al final, coleccionar en casa es una forma de habitar con intención. De permitir que los objetos cuenten una historia que sigue creciendo.
La sala es el corazón de la casa. Es donde se recibe, se conversa, se descansa y, muchas veces, donde se define el carácter completo de un hogar. Elegir bien sus piezas clave no es solo una cuestión estética: es una decisión que transforma la forma en que se vive el espacio.
Todo comienza con un punto de anclaje. Un sofá bien elegido marca el ritmo: proporciones correctas, materiales que envejecen bien y un diseño capaz de dialogar con el resto del ambiente. No se trata de llenar, sino de dejar respirar. Menos piezas, mejor pensadas, siempre ganan.
La iluminación es el siguiente gran gesto. Una lámpara de pie o de mesa no solo acompaña la luz natural, también crea atmósferas. La clave está en superponer luces: general, puntual y ambiental. Así, la sala cambia a lo largo del día sin perder coherencia.
Las mesas —de centro o auxiliares— aportan equilibrio y funcionalidad. Formas limpias, alturas bien calculadas y materiales nobles ayudan a que todo fluya sin esfuerzo. Sobre ellas, pocos objetos: libros, una pieza escultórica o un detalle natural bastan para contar una historia.
Finalmente, el arte y los textiles sellan la personalidad del espacio. Una alfombra define zonas; una obra, intención. Aquí no hay reglas estrictas, solo intuición afinada.
La lección es simple: una buena sala no se construye sumando, sino eligiendo. Cuando cada pieza tiene sentido, el espacio se siente completo… incluso antes de terminarlo.
Durante siglos, el billar ha sido un ritual social. Nació en los salones europeos como un pasatiempo refinado, reservado para conversaciones largas, gestos precisos y silencios compartidos. Siempre fue un juego que pedía espacio, tiempo… y una habitación propia. Hasta ahora.
Fusiontables replantea esa historia con una idea tan sencilla como brillante: ¿y si el billar no tuviera que esconderse? ¿Y si pudiera convivir con la vida diaria, con las cenas, las risas y las reuniones que hacen de una casa un hogar?

A primera vista, la mesa Fusion es un comedor de diseño sobrio y contemporáneo. Nada delata su secreto. Pero al levantar su cubierta —con un gesto casi coreografiado gracias al sistema Easy-Lift— aparece un billar profesional, preciso, sólido, perfectamente calibrado. La sorpresa es inmediata. El asombro, inevitable.
Fabricada en Bélgica por Saluc, esta pieza conserva el rigor técnico del billar clásico: bandas K66, dimensiones oficiales, estabilidad absoluta. Pero su verdadera innovación está en cómo transforma el espacio. Ya no se trata de elegir entre comer o jugar, entre diseño o diversión. Aquí, todo sucede alrededor de la misma mesa.

Elegir una Fusiontables es también una decisión estética. Sus distintas combinaciones de materiales permiten que la mesa se adapte al carácter de cada espacio. El aluminio negro con cristal aporta una presencia gráfica y sofisticada; el aluminio con nogal evoca calidez y atemporalidad; mientras que el aluminio blanco, ya sea con nogal o con roble en tono gris, se integra con ligereza a interiores contemporáneos y luminosos. Estos acabados son solo el punto de partida: la colección ofrece aún más opciones para personalizar la pieza y hacerla verdaderamente tuya, en perfecta sintonía con tu estilo de vida.
Las sillas y bancas Fusion acompañan la experiencia con discreción y coherencia, permitiendo que el espacio se adapte al momento: sobremesa larga, partida improvisada, reunión que se alarga sin planes.

Fusiontables, además de ser un mueble multifuncional, es una invitación a convivir más, a quedarse un poco más. A redescubrir el placer de compartir el tiempo y el espacio de otra manera.