“Clasicismo que se encuentra con el modernismo”, así define la crítica especializada la propuesta de diseño del inglés Christopher Guy.
La historia de esta marca comenzó a principios de los años 90, cuando Guy decidió lanzar una serie de espejos. El diseñador lo cuenta así: “cuando me inicié en la industria no existía una oferta de espejos contemporáneos. En esos años solo encontrabas modelos clásicos, principalmente de estilo Chippendale o Luis XVI y las pocas compañías que los fabricaban solían copiarse unas a otras”.
Más tarde, estos primeros espejos serían el detonante de toda una línea de mobiliario, que incluso en 2004 le valió el premio “The Outstanding Design Award” que otorga la Asociación de Diseño del Reino Unido.
En nuestro reciente viaje a High Point Market , visitamos el showroom del diseñador y pudimos apreciarlos de primera mano.
Pero, ¿qué hace tan especial a un espejo de Christopher Guy? Primero está el diseño. El equipo que dirige Guy tiene muy clara cuál es la estética distintiva de la marca: o bien una reinterpretación de estéticas clásicas, como por ejemplo el rococó, o propuestas totalmente vanguardistas. En ambas, el principal hilo conductor son los tonos dorados , las referencias a las joyas (como el espejo “Camilla”, inspirado en el sombrero que la duquesa de Cornualles utilizó en su boda con el Príncipe de Gales) y los motivos orgánicos.
Otra característica es que la mayoría pueden colocarse tanto de manera vertical como horizontal e incluso pueden ser piezas modulares que forman un espejo de gran formato. Este es el caso de dos de nuestros favoritos: los modelos “Long Puzzle” y “Alyssandra”, que nos invitan a aportar nuestra propia creatividad al momento de incluirlos en un proyecto de interiorismo.
Por último, si todo lo anterior hace a estos espejos piezas únicas, además tienes que saber que son fabricados totalmente a mano por hábiles artesanos indonesios (el taller de la marca se encuentra en la isla de Java). ¡Definitivamente tienes que conocerlos!





Cuando Hans Knoll fundó su compañía en Nueva York en 1938, llevaba consigo una idea del diseño moderno que había conocido desde muy cerca en Alemania. Pocos años después se incorporó Florence Schust, arquitecta formada junto a algunas de las figuras más importantes de su tiempo. Se casaron en 1946 y juntos construyeron una firma que cambiaría nuestra manera de entender el mobiliario.
Para Hans y Florence, los muebles debían dialogar con la arquitectura y complementar los espacios. Florence llevó esta idea aún más lejos al desarrollar una nueva manera de planificar los interiores, donde mobiliario, distribución y arquitectura formaban parte de un mismo proyecto. Esa visión, que reúne diseño, innovación y un profundo conocimiento de los materiales y los oficios, continúa guiando a Knoll más de ocho décadas después.
Por su catálogo han pasado figuras como Eero Saarinen, Harry Bertoia y Warren Platner, además de la propia Florence Knoll. Ahora, con su incorporación a la selección de Casa Palacio en México, tenemos una nueva oportunidad para descubrir su extraordinario universo. Entre sus piezas más reconocidas están dos que nacieron incluso antes que la compañía: Wassily y Barcelona.
En 1925, Marcel Breuer tenía 23 años y trabajaba en la Bauhaus, la célebre escuela alemana donde arquitectos y artistas estaban imaginando nuevas maneras de diseñar los objetos de la vida cotidiana. Breuer se fijó en algo tan sencillo como el manubrio de su bicicleta: aquel tubo de acero, ligero y resistente, podía doblarse y convertirse también en mobiliario.

Silla Wassily de Knoll, diseñada por Marcel Breuer
Así nació la silla Wassily, una estructura de tubos de acero y bandas de cuero que parecía dibujar una silla en el aire. Entre quienes vieron los primeros prototipos estaba el pintor Wassily Kandinsky, también profesor en la Bauhaus. Le gustó tanto que Breuer hizo una para él; años después, la silla adoptaría su nombre.
Un siglo después, Knoll continúa produciéndola y explorando nuevas posibilidades de materiales y acabados. Al clásico acero cromado se suman estructuras en rojo oscuro, ónix o blanco ultramate, que pueden combinarse con distintos cueros. La Wassily sigue siendo la misma y, de pronto, parece otra.
Cuatro años después, en 1929, Ludwig Mies van der Rohe creó otra de las sillas más reconocibles del siglo XX. El arquitecto había recibido el encargo de diseñar el Pabellón Alemán para la Exposición Internacional de Barcelona y concibió para aquel espacio una silla de perfil bajo, estructura de acero cruzada y cojines capitonados: la silla Barcelona.
Mies haría célebre una frase que explica muy bien su manera de trabajar: less is more, menos es más. Eliminar lo innecesario para dejar que proporción, materiales y detalles hablen por sí mismos. La Barcelona parece llevar esa idea a su expresión perfecta.

Sillas Barcelona de Knoll, diseñadas por Ludwig Mies van der Rohe
También este icono admite nuevas lecturas. Knoll la ofrece hoy en cuero y textiles, incluidos sorprendentes terciopelos de mohair en tonos intensos. El color cambia su personalidad sin alterar esa silueta que reconocemos inmediatamente.
El catálogo de Knoll continúa evolucionando. A las creaciones de los grandes maestros del siglo XX se suman nuevas colecciones y colaboraciones con diseñadores contemporáneos, que aportan nuevas miradas y mantienen vivo el diálogo entre mobiliario y arquitectura. La innovación, la artesanía y la atención a los materiales siguen definiendo el trabajo de una firma que lleva más de ocho décadas contribuyendo a la historia del diseño.

Silla Barcelona de Knoll, diseñada por Ludwig Mies van der Rohe
La incorporación de Knoll a Casa Palacio abre una nueva oportunidad para descubrir su universo: desde los grandes iconos que transformaron la historia del diseño hasta las creaciones contemporáneas que continúan escribiéndola. Te invitamos a conocer su colección en Casa Palacio Antara y El Palacio de Hierro Monterrey.
En pocos años aprendimos a tomar café de otra manera. Nos interesamos por el origen del grano, el tostado, los aromas y los distintos métodos de extracción. Las cafeterías de especialidad tuvieron mucho que ver con esta transformación, mientras en casa Nespresso convertía la cápsula en una nueva medida del café cotidiano.
Esa historia continúa con Vertuo Up, una cafetera compacta y de líneas limpias que amplía las posibilidades de preparar café en casa. Su depósito de agua giratorio de 1.4 litros permite adaptarla a distintos espacios, mientras la tecnología Vertuo prepara desde un espresso de 40 ml hasta una taza de 230 ml.
La función Coffee Creations ofrece una extracción más concentrada como base para bebidas con leche o hielo, abriendo la puerta a recetas inspiradas en las que encontramos en nuestras cafeterías favoritas. La conexión con la Nespresso Smart App permite, además, personalizar distintos aspectos de la preparación.


Diseño y escala también cuentan. Vertuo Up ocupa poco espacio y se integra con naturalidad al interior, una cualidad que Rodrigo Noriega incorporó al proyecto creado junto a Casa Palacio para Design House 2026, donde objetos cotidianos, tecnología, arte y diseño forman parte de un mismo paisaje.
Nuestra cultura del café se ha vuelto más curiosa y exigente. Sabemos mejor lo que nos gusta y también disfrutamos explorar nuevas maneras de prepararlo. Vertuo Up lleva esa curiosidad a casa con un gesto sencillo.
Descubre Nespresso Vertuo Up en Casa Palacio Antara y Santa Fe y visítanos para conocerla de cerca y disfrutar un café con nosotros.
Lana de Nueva Zelanda, látex natural, espumas de distintas densidades y resortes independientes. Dentro de un colchón Magnus, materiales y tecnología trabajan juntos para responder al peso, la temperatura y el movimiento del cuerpo.
Una cama terminada revela muy poco de lo que sucede bajo las sábanas. En el interior del colchón comienza una sucesión precisa de materiales: una capa recibe el cuerpo, otra distribuye el peso; unas aportan firmeza y otras suavidad.
Esa construcción por capas define la propuesta de Magnus, una de las marcas elegidas por Rodrigo Noriega para el espacio de Casa Palacio en Design House 2026. Una elección que lleva la atención del proyecto hasta uno de sus elementos menos visibles: aquello sobre lo que dormimos.
Los materiales cambian de un modelo a otro. En Natura, la lana de Nueva Zelanda se encuentra con un núcleo de látex 100% natural y un tejido con tecnología Ice Touch. Sunrise combina espumas de distintas densidades con Memory Foam y Cool Gel de celdas abiertas, mientras Connery incorpora resortes Pocket Coil que trabajan de manera independiente para responder al peso y reducir la transmisión del movimiento.
Materiales naturales y tecnología terminan así encontrándose a pocos centímetros de distancia. Una vez hecha la cama, toda esa construcción desaparece bajo textiles y almohadas; queda únicamente la sensación al acostarnos.
Descubre el colchón Magnus que mejor responda a tu manera de dormir. Visita el Santuario del Descanso en Casa Palacio Antara y Santa Fe, donde podrás conocer y probar sus distintos modelos.
Un helecho que gira sobre sí mismo, diez bacantes entregadas a la danza y las hojas de los Campos Elíseos agitadas por el viento. Tres imágenes separadas por varias décadas recorren la historia de Lalique y muestran esa extraordinaria capacidad de la Maison francesa para convertir el movimiento en cristal.
La primera cumple cien años. Tourbillons, diseñado en 1926 por Suzanne Lalique-Haviland, parte del despliegue de un helecho para construir sus características formas en espiral. Para celebrar su centenario en 2026, Lalique recupera el diseño con una delicada pátina coral que aporta profundidad y calidez al cristal y recuerda los acabados coloreados de la época.

Tourbillons de Lalique ©Anouk Marty
Un año después, en 1927, René Lalique creó Bacchantes, convertido desde entonces en uno de los grandes emblemas de la casa. Diez sacerdotisas de Baco rodean el jarrón en una procesión escultórica inspirada en la mitología griega. Los cuerpos, el relieve y la luz producen una sensación de ritmo que cambia conforme recorremos la pieza con la mirada.
La historia continúa en 1951 con Champs-Élysées, diseñada por Marc Lalique. Su punto de partida fue tan cotidiano como poético: las hojas de plátano moviéndose con el viento durante un paseo por la célebre avenida parisina. En cristal, aquel instante quedó detenido en una gran composición de hojas finamente esculpidas.

Champs-Élysées de Lalique ©Lalique
Tres momentos, tres generaciones y una misma fascinación por observar la naturaleza y darle forma. En el año que celebra dos siglos de relaciones entre México y Francia, Lalique nos acerca también a ese L’art de vivre francés donde belleza, oficio y vida cotidiana se encuentran. Descubre estas piezas excepcionales en Casa Palacio Antara y Santa Fe.