El despacho Método, fundado en 2012 en Nueva York por el Arq. Bernardo García y que actualmente se ubica en México, realizó tanto el diseño arquitectónico como el interiorismo de esta casa para una familia de 4 integrantes. Bernardo nos contó que “las necesidades aparentemente eran muy básicas lo cual muchas veces hace el trabajo de los arquitectos más complejo, porque hay que leer las necesidades del cliente y proponer crear un argumento que fomente su idea original aunque no necesariamente se lo hubiera imaginado. Querían una casa de 3 habitaciones con sala, comedor, cocina, área de servicio, estudio de fotografía y cuarto de tv. El objetivo para nosotros era que la casa fomentara la comunicación entre sus habitantes”.
Así desarrollaron el proyecto 3:2, ¿a qué se debe este inusual nombre? En palabras de Bernardo: “viene del módulo arquitectónico que tiene la casa. Tiene una distribución rectangular dividida por la mitad en el sentido largo y dividida en 3 en el sentido corto. Estas 2 mitades están desfasadas verticalmente, cada una con una doble altura y una altura sencilla. El bloque que da hacia el jardín contiene el área publica con doble altura en la planta baja. Arriba de ella se encuentran las 3 recamaras. En el segundo bloque, el que da a la colindancia, se encuentra el área de servicio en planta baja y el estudio-biblioteca en el primer nivel”.
La filosofía del despacho Método se basa, en la interpretación, reinterpretación y expresión gráfica. Es un constante experimento evolutivo enfocado hacia tres principales audiencias: el cliente, la academia y el público en general. La casa 3:2 es un excelente ejemplo de ello ya que el espacio tiene la intención de cuestionar los límites físicos y visuales de la forma de habitar de una familia actual. Bernardo nos explica: “estamos seguros que una casa como 3:2 cambia completamente la dinámica de una familia. Al ser una casa donde todos los espacios se comunican podría decirse que es una casa con mucha transparencia, lo cual sentíamos que era una característica de la familia que la iba a habitar. En este proyecto el reto era lograr esa transparencia pero lograr delimitar los espacios y dar la flexibilidad de privacidad que una casa necesita”.
Sin duda el objetivo se logró. Estamos ante una casa de lo más original que te invitamos a descubrir en la siguiente galería:
***Fotos Tatiana Mestre




¿Qué ocurre cuando un arquitecto cambia de escala y pasa del edificio al objeto? El resultado suele conservar la misma precisión estructural, el cuidado por los materiales y la claridad espacial que definen su obra. Sillas, mesas o utensilios se convierten en extensiones de su pensamiento proyectual: fragmentos de arquitectura llevados a la vida cotidiana.

Gueridon de Jean Prouvé

Jean Prouvé
La historia del diseño está llena de estos cruces. El alemán Ludwig Mies van der Rohe concibió la silla Barcelona para el Pabellón Alemán de 1929 en Barcelona; años después firmaría el Seagram Building en Nueva York. El francés Jean Prouvé desarrolló mobiliario para escuelas y edificios públicos en Francia que hoy, editado por Vitra, es referencia del diseño moderno. El finlandés-estadounidense Eero Saarinen trasladó la claridad formal de la terminal TWA del aeropuerto JFK a sus mesas y asientos de líneas continuas.

Terminal TWA de Eero Saarinen
Firmas como Alessi mantienen una estrecha colaboración con arquitectos. Su colección de cucharas para café y té reúnen piezas de Jean Nouvel, Toyo Ito o David Chipperfield. La tetera Kettle de Michael Graves y los electrodomésticos Plissé de Michele De Lucchi muestran cómo el lenguaje arquitectónico puede habitar incluso los objetos cotidianos. A ello se suma el sillón y otomán de Charles y Ray Eames para Herman Miller, donde confort y estructura conviven con naturalidad.
En Casa Palacio, estas piezas se entienden como microarquitecturas que organizan la vida doméstica y aportan carácter a los interiores. Descubre una selección de objetos diseñados por arquitectos en nuestras tiendas de Antara y Santa Fe y lleva a casa una visión del diseño donde arquitectura y vida cotidiana se encuentran.
¿Qué ocurre cuando un arquitecto cambia de escala y pasa del edificio al objeto? Con frecuencia, el resultado conserva la misma precisión estructural, el cuidado por los materiales y la claridad espacial que definen su arquitectura. Sillas, mesas o utensilios se convierten así en pequeñas extensiones de su pensamiento proyectual, fragmentos de una casa ideal llevados a la vida cotidiana.
La historia del diseño está llena de estos cruces. El alemán Ludwig Mies van der Rohe concibió la silla Barcelona para el Pabellón Alemán de 1929 en Barcelona, autor también del Seagram Building en Nueva York. El francés Jean Prouvédesarrolló mobiliario para escuelas y edificios públicos en Francia que hoy, editado por Vitra, es referencia del diseño moderno. El finlandés-estadounidense Eero Saarinen llevó la misma claridad de la terminal TWA del aeropuerto JFK a sus mesas y asientos de líneas continuas.
En el universo doméstico contemporáneo, firmas como Alessi mantienen una estrecha colaboración con arquitectos. Sus colecciones de café y té reúnen piezas firmadas por Jean Nouvel, Toyo Ito o David Chipperfield. La tetera Kettle de Michael Graves y los electrodomésticos Plissé de Michele De Lucchi revelan cómo el lenguaje arquitectónico puede habitar incluso los objetos más cotidianos. A ello se suma el clásico sillón y otomano de Charles y Ray Eames para Herman Miller, donde confort y estructura conviven con naturalidad.
En Casa Palacio, estas piezas se leen como microarquitecturas que organizan la vida doméstica y aportan carácter a los interiores. Descúbrelas en nuestras tiendas de Antara y Santa Fe: un recorrido por el fascinante universo de los arquitectos y sus objetos, donde la arquitectura también se vive en casa.
https://www.elpalaciodehierro.com/gandhi-le-corbusier-38573602.html
https://www.elpalaciodehierro.com/alessi-termo-plisse-negro-43679159.html
https://www.elpalaciodehierro.com/alessi-azucarera-con-cuchara-en-acero-inoxidable-43679196.html
https://www.elpalaciodehierro.com/alessi-set-8-cucharas-para-cafe-y-te-mspoonset-il-43679163.html
Hay casas que se construyen con muebles. Otras, con objetos. Las más memorables suelen ser las que se van formando con el tiempo: piezas encontradas en viajes, libros que se acumulan, cerámicas que se quedan porque sí. No responden a una regla estricta, pero sí a una sensibilidad clara. Son casas que revelan a quien las habita.
Coleccionar en el hogar contemporáneo no implica llenar superficies. Implica elegir con intención. Un librero bien editado, una mesa lateral con tres o cuatro objetos que dialogan entre sí, una repisa donde conviven arte, diseño y memoria personal. El gesto está en la composición.
Los libros de arte siguen siendo el punto de partida. Apilados en una mesa de centro o abiertos sobre un atril, aportan color, escala y conversación. A su lado, una pieza escultórica (cerámica, vidrio o metal) introduce un contrapunto material. Las charolas funcionan como base visual: agrupan, ordenan y dan peso al conjunto.
En vitrinas o consolas, los objetos pequeños adquieren presencia cuando se agrupan por material o tono. El secreto está en dejar espacio entre ellos. El aire también forma parte de la colección.
Las casas más interesantes no buscan perfección inmediata. Se construyen con hallazgos, con piezas que llegan y otras que se van moviendo de lugar. Con el tiempo, el interior se convierte en una narrativa personal: una mezcla de diseño, memoria y curiosidad.
Al final, coleccionar en casa es una forma de habitar con intención. De permitir que los objetos cuenten una historia que sigue creciendo.
La sala es el corazón de la casa. Es donde se recibe, se conversa, se descansa y, muchas veces, donde se define el carácter completo de un hogar. Elegir bien sus piezas clave no es solo una cuestión estética: es una decisión que transforma la forma en que se vive el espacio.
Todo comienza con un punto de anclaje. Un sofá bien elegido marca el ritmo: proporciones correctas, materiales que envejecen bien y un diseño capaz de dialogar con el resto del ambiente. No se trata de llenar, sino de dejar respirar. Menos piezas, mejor pensadas, siempre ganan.
La iluminación es el siguiente gran gesto. Una lámpara de pie o de mesa no solo acompaña la luz natural, también crea atmósferas. La clave está en superponer luces: general, puntual y ambiental. Así, la sala cambia a lo largo del día sin perder coherencia.
Las mesas —de centro o auxiliares— aportan equilibrio y funcionalidad. Formas limpias, alturas bien calculadas y materiales nobles ayudan a que todo fluya sin esfuerzo. Sobre ellas, pocos objetos: libros, una pieza escultórica o un detalle natural bastan para contar una historia.
Finalmente, el arte y los textiles sellan la personalidad del espacio. Una alfombra define zonas; una obra, intención. Aquí no hay reglas estrictas, solo intuición afinada.
La lección es simple: una buena sala no se construye sumando, sino eligiendo. Cuando cada pieza tiene sentido, el espacio se siente completo… incluso antes de terminarlo.