Pocas cosas hablan tanto de lujo y elegancia como un sofá Chesterfield, uno de los grandes referentes del estilo inglés. Su origen se remonta al SXIX: se dice que su creador fue Philip Dormer Stanhope IV Conde de Chesterfield, quien encargó a su ebanista un sillón robusto con los brazos y respaldo a una misma altura para obligar a quien se sentara a mantener una postura erguida. El resultado de sus indicaciones fue un sofá de elegantes líneas curvas realizado en cuero, material que se mantenía fijo al soporte con botones. Sin duda se trata de un diseño netamente masculino, tanto que primero se utilizaron en los clubes sociales londinenses, aquellos a los que solo podían ingresar hombres; de ahí, pasarían a los salones y bibliotecas de las grandes residencias inglesas. Más tarde el sofá se popularizó en todo el mundo.
Con una historia de más de 200 años, el Chesterfield es una pieza que se considera un clásico… que aún es posible reinventar, justo como hizo Calia Italia. La firma, que desde los años 60 se especializa en fabricar sofás, decidió crear su propia versión del modelo. El resultado es el Belle Epoque, realizado en cuero (aunque también hay una variación en tela) que rescata algunas características del Chesterfield –como los botones o las líneas curvas- pero integrando algunos elementos inesperados como la base de metal o el cuero en un explosivo color morado. Se fabrica de manera artesanal para hacer de cada sofá una pieza única. Sin duda, el Belle Epoque demuestra que –en las manos correctas- un diseño del SXIX puede imponerse en el SXXI.


En 1956, Charles y Ray Eames se propusieron dar una nueva forma a una idea muy antigua: el placer de sentarse cómodamente. El resultado fue la Eames Lounge Chair and Ottoman, un sillón que reúne experimentación técnica, materiales extraordinarios y una comprensión muy humana del descanso.
Detrás de su producción estaba Herman Miller, la firma estadounidense fundada en 1905 que transformó el mobiliario moderno con diseños de George Nelson, Isamu Noguchi y Alexander Girard, entre otros.
Arquitectura, fotografía, cine, exposiciones y mobiliario formaban parte del universo creativo de los Eames. En su célebre casa de Pacific Palisades, objetos cotidianos, arte y recuerdos convivían con sus propios diseños. Aquella curiosidad compartida alimentó décadas de experimentación, especialmente con la madera contrachapada moldeada.
Charles y Ray imaginaban un sillón acogedor, capaz de ofrecer una sensación de bienestar desde el primer momento. Charles comparaba su aspecto con el de un guante de béisbol usado: cálido, flexible y familiar. Esa intención dio forma a una pieza que combina carcasas curvas de madera, cojines generosos y una inclinación cuidadosamente estudiada.

Presentada en televisión estadounidense en 1956, la Eames Lounge Chair se convirtió en uno de los grandes referentes del diseño moderno. Hoy continúa produciéndose con la atención a los materiales y al detalle que distingue a Herman Miller.
Sus configuraciones Original y Tall responden a distintas preferencias de proporción y comodidad. La variedad de maderas, colores, textiles y pieles permite descubrir nuevas expresiones de un mismo diseño, junto con alternativas de tapicería de origen vegetal elaboradas a partir de bambú.

En el espacio concebido por Rodrigo Noriega y Casa Palacio para Design House 2026, la Eames Lounge Chair and Ottoman ocupa un lugar especial. La admiración de Rodrigo por Charles y Ray Eames forma parte de una sensibilidad que encuentra conexiones entre objetos, épocas y disciplinas.
Las curvas de la madera, la suavidad de la tapicería y el carácter escultórico del sillón dialogan con los materiales, las obras de arte y las piezas contemporáneas que conforman el ambiente. Un clásico que encuentra nuevas relaciones sin perder su identidad.

Las fotografías que acompañan este artículo muestran la Eames Lounge Chair and Ottoman dentro del espacio creado por Rodrigo Noriega y Casa Palacio para Design House 2026, en Ciudad de México.
Setenta años después de su creación, este diseño sigue despertando admiración y encontrando su lugar en interiores muy distintos. Te invitamos a descubrir la Eames Lounge Chair and Ottoman y el universo de Herman Miller en Casa Palacio Antara y Casa Palacio Santa Fe, donde podrás conocer las opciones de materiales, tapicerías y acabados disponibles en México.
La piedra, la madera y la cerámica tienen una relación particular con el tiempo, la luz y nuestra manera de habitar los espacios. Sus colores y texturas pueden transformar por completo la percepción de una habitación. Para arquitectos e interioristas, elegir los materiales es también una forma de contar historias.
Desde su fundación en 1973 en Vila-real, España, Porcelanosa ha hecho de esta exploración su especialidad. Nacida de la tradición cerámica española, la firma ha ampliado su universo hacia la piedra natural, los revestimientos de inspiración mineral y nuevas soluciones para la arquitectura contemporánea.

Linkfloor Grand Nude de Porcelanosa
Mármoles de vetas pronunciadas, piedras de tonalidades profundas, superficies que evocan la madera o recuperan la apariencia del travertino. Los avances en fabricación permiten reinterpretar estos materiales y explorar nuevas posibilidades de color, textura y acabado.
Cada superficie propone una relación diferente con la luz y con los objetos que la rodean. Ese juego de relaciones resulta especialmente interesante en el interiorismo.

Amazonite de Porcelanosa
Para su colaboración con Casa Palacio en Design House 2026, Rodrigo Noriega eligió cinco superficies de Porcelanosa que conviven desde el contraste.
En los pisos, la calidez de Linkfloor Grand Nude encuentra contrapuntos en el aspecto pétreo y oscuro de Verbier Darky en los verdes de Amazonite, cuya apariencia marmórea introduce un gesto inesperado.
Los muros continúan esa conversación. Travertino Rosso, con sus tonalidades rojizas y terrosas, aporta una presencia cálida, mientras la pizarra natural Airslate Graphite introduce una textura oscura y contenida.

Travertino Rosso de Porcelanosa

Airslate Graphite de Porcelanosa.
En el espacio de Rodrigo Noriega, las superficies forman parte de una composición donde conviven distintas épocas, referencias y sensibilidades. Una invitación a mirar de cerca y descubrir cómo el carácter de una habitación también se construye en los centímetros.
Visita el espacio de Rodrigo Noriega y Casa Palacio en Design House 2026, hasta el 1 de noviembre, en Av. Paseo de las Palmas 1305, Ciudad de México.
Cuando Hans Knoll fundó su compañía en Nueva York en 1938, llevaba consigo una idea del diseño moderno que había conocido desde muy cerca en Alemania. Pocos años después se incorporó Florence Schust, arquitecta formada junto a algunas de las figuras más importantes de su tiempo. Se casaron en 1946 y juntos construyeron una firma que cambiaría nuestra manera de entender el mobiliario.
Para Hans y Florence, los muebles debían dialogar con la arquitectura y complementar los espacios. Florence llevó esta idea aún más lejos al desarrollar una nueva manera de planificar los interiores, donde mobiliario, distribución y arquitectura formaban parte de un mismo proyecto. Esa visión, que reúne diseño, innovación y un profundo conocimiento de los materiales y los oficios, continúa guiando a Knoll más de ocho décadas después.
Por su catálogo han pasado figuras como Eero Saarinen, Harry Bertoia y Warren Platner, además de la propia Florence Knoll. Ahora, con su incorporación a la selección de Casa Palacio en México, tenemos una nueva oportunidad para descubrir su extraordinario universo. Entre sus piezas más reconocidas están dos que nacieron incluso antes que la compañía: Wassily y Barcelona.
En 1925, Marcel Breuer tenía 23 años y trabajaba en la Bauhaus, la célebre escuela alemana donde arquitectos y artistas estaban imaginando nuevas maneras de diseñar los objetos de la vida cotidiana. Breuer se fijó en algo tan sencillo como el manubrio de su bicicleta: aquel tubo de acero, ligero y resistente, podía doblarse y convertirse también en mobiliario.

Silla Wassily de Knoll, diseñada por Marcel Breuer
Así nació la silla Wassily, una estructura de tubos de acero y bandas de cuero que parecía dibujar una silla en el aire. Entre quienes vieron los primeros prototipos estaba el pintor Wassily Kandinsky, también profesor en la Bauhaus. Le gustó tanto que Breuer hizo una para él; años después, la silla adoptaría su nombre.
Un siglo después, Knoll continúa produciéndola y explorando nuevas posibilidades de materiales y acabados. Al clásico acero cromado se suman estructuras en rojo oscuro, ónix o blanco ultramate, que pueden combinarse con distintos cueros. La Wassily sigue siendo la misma y, de pronto, parece otra.
Cuatro años después, en 1929, Ludwig Mies van der Rohe creó otra de las sillas más reconocibles del siglo XX. El arquitecto había recibido el encargo de diseñar el Pabellón Alemán para la Exposición Internacional de Barcelona y concibió para aquel espacio una silla de perfil bajo, estructura de acero cruzada y cojines capitonados: la silla Barcelona.
Mies haría célebre una frase que explica muy bien su manera de trabajar: less is more, menos es más. Eliminar lo innecesario para dejar que proporción, materiales y detalles hablen por sí mismos. La Barcelona parece llevar esa idea a su expresión perfecta.

Sillas Barcelona de Knoll, diseñadas por Ludwig Mies van der Rohe
También este icono admite nuevas lecturas. Knoll la ofrece hoy en cuero y textiles, incluidos sorprendentes terciopelos de mohair en tonos intensos. El color cambia su personalidad sin alterar esa silueta que reconocemos inmediatamente.
El catálogo de Knoll continúa evolucionando. A las creaciones de los grandes maestros del siglo XX se suman nuevas colecciones y colaboraciones con diseñadores contemporáneos, que aportan nuevas miradas y mantienen vivo el diálogo entre mobiliario y arquitectura. La innovación, la artesanía y la atención a los materiales siguen definiendo el trabajo de una firma que lleva más de ocho décadas contribuyendo a la historia del diseño.

Silla Barcelona de Knoll, diseñada por Ludwig Mies van der Rohe
La incorporación de Knoll a Casa Palacio abre una nueva oportunidad para descubrir su universo: desde los grandes iconos que transformaron la historia del diseño hasta las creaciones contemporáneas que continúan escribiéndola. Te invitamos a conocer su colección en Casa Palacio Antara y El Palacio de Hierro Monterrey.
En pocos años aprendimos a tomar café de otra manera. Nos interesamos por el origen del grano, el tostado, los aromas y los distintos métodos de extracción. Las cafeterías de especialidad tuvieron mucho que ver con esta transformación, mientras en casa Nespresso convertía la cápsula en una nueva medida del café cotidiano.
Esa historia continúa con Vertuo Up, una cafetera compacta y de líneas limpias que amplía las posibilidades de preparar café en casa. Su depósito de agua giratorio de 1.4 litros permite adaptarla a distintos espacios, mientras la tecnología Vertuo prepara desde un espresso de 40 ml hasta una taza de 230 ml.
La función Coffee Creations ofrece una extracción más concentrada como base para bebidas con leche o hielo, abriendo la puerta a recetas inspiradas en las que encontramos en nuestras cafeterías favoritas. La conexión con la Nespresso Smart App permite, además, personalizar distintos aspectos de la preparación.


Diseño y escala también cuentan. Vertuo Up ocupa poco espacio y se integra con naturalidad al interior, una cualidad que Rodrigo Noriega incorporó al proyecto creado junto a Casa Palacio para Design House 2026, donde objetos cotidianos, tecnología, arte y diseño forman parte de un mismo paisaje.
Nuestra cultura del café se ha vuelto más curiosa y exigente. Sabemos mejor lo que nos gusta y también disfrutamos explorar nuevas maneras de prepararlo. Vertuo Up lleva esa curiosidad a casa con un gesto sencillo.
Descubre Nespresso Vertuo Up en Casa Palacio Antara y Santa Fe y visítanos para conocerla de cerca y disfrutar un café con nosotros.